August 15, 2006Vuelo sin regresoLos huastecos caminaban todos apeñuscados, codeándose, sin pedir permiso, sin dejar aire para poder pedir clemencia siquiera, es Tampico a las siete de la tarde, frente al cine principal en la principal avenida, pinches huastecos mal educados, así son, y mas en miércoles de damnificados, cuando dicho cine ofrece función al dos por uno…no obstante Cristal se enfilaba, ante todo y con todo hacia su destino, Laurel en dirección opuesta estaría por toparse con ella al caminar. Así eran: opuestos, a diferencia de ella, él cargaba con todo a su paso, como si lo que no le afectara a Cristal lo apuñalara por la espalda, todo parecía seguir su curso hasta los obstáculos parecían tan cómodos como los incómodos catalizadores. Cristal y Laurel se conocían desde que el mundo era mundo para ellos, su vida era una, sólo que aún no estaban listos para aceptarlo. Las cosas hubieran sido más fáciles de asimilar si después de tanto tiempo de verse, hubieran dejado de verse como hermanos, o como amigos, y se hubiesen visto como todo mundo los veía: una pareja tan sólida como un metal nunca antes conocido. Habían acordado algo de una crepa en el cine o hamburguesas enfrente del cine, o mejor dicho no habían tenido un acuerdo fijo, mas si hubiesen sabido que su andar sería tan accidentado seguro hubieran optado por llegar a un lugar en concreto, y así evitarse la concurrencia en demasía y lo que les estaba esperando. El sol del joven ocaso los carcomía vorazmente mientras se encontraban es su sinuoso y tortuoso caminar, daban pasos uno a la espera del otro, esperando un espacio vacío para dar el segundo paso y rogando porque hubiera un próximo, para acercarse a su destino, deseandolo y temiendolo sin saber que ya no lo habría jamás. Pensando en que pronto vería a Cristal y en todo lo que le diría esa misma tarde, Laurel soñaba despierto y avanzaba sin ver los rostros que para él eran iguales, sólo uno atraparía su atención, su Cristal, su niña morena, su sueño de infancia y de adolescencia, el cristal a través del cual miraba al mundo, a través del cual el universo le hablaba: Nunca fui una roca, tengo el pecho de cristal, dueña y señora de mi voluntad, hasta el odioso CD de Victor Manuel que puso su padre en la mañana parecía patearle placenteramente el corazón: Laurel se regodeaba en esta esquizofrenia universal donde solo había una alucinación: un rostro de cristal, de su Cristal y mientras no lo viera seguiría caminando y reacomodando sus ideas, buscando las palabras más adecuadas para convencerla de lo que tenía pensado proponerle hace años, pero que posponía interminablemente por miedo a ser rechazado ¿O aceptado? Pero hoy si chingao! Claro que si! Pensaba Laurel: hoy soy hombre, hoy por fin se lo diré, de tal manera que ella no tenga más que aceptar la inapelable verdad de una vez por todas, Yo te quiero, yo te quiero… Cristal caminaba con su andar ligero, anhelando que el encuentro fuera lo que había imaginado, iba riéndose en silencio de su propia ingenuidad, al cruzar la calle, una mano la detuvo, un extraño cualquiera, un salvador urbano, Cristal dio un respiro profundo antes de agradecerle. Laurel estaba a unos metros, entramado, pensando que pasaría y sería de su vida, como hizo desde que empezó el día, caminó, caminó como un hombre al fin, Walk like a man, caminó a paso firme hacia su destino, su sueño de Cristal, ¿Qué mas podía hacer el pobre Laurel? de no haber sido por tanto pinche huasteco estorbando su paso habría volado hacia ella, su niña, su sueño, allí estaba, él la estaba viendo, al fin un rostro entre los bultos pestilentes, su rostro, ese rostro de cristal, su Cristal, quien absorta en su drama personal no lo había visto aun y pensaba:”¡Maldito Laurel desconsiderado, hubieras pasado por mi!.. con tantos trabajos para llegar hasta aquí voy a gritar de felicidad cuando te vea…ya te quiero ver” y fue en ese momento en que una sarcástica divinidad cumplió su deseo: Cristal al fin vió a Laurel e intentó correr, con unos gritos que no podían caber en el tumulto: no eran de felicidad, lo vio caminar hacia ella, Laurel no la escuchaba, escuchaba solo la música universal que de ella emanaba, Laurel se dio prisa, caminó, caminó y fue eso, que caminó más de lo debido, al dar la vuelta un Jetta blanco lo envistió sin pena ni gloria. Laurel, el enamorado, ya iba volando desde entonces y hasta siempre.
Posted on 08/15/2006 10:06 AM Comments (13)
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